Si hablamos de polo uruguayo es indispensable y fundamental detenernos en la figura de David Stirling Díaz, gran figura del deporte de este lado del Rio de la Plata y nada menos que el abuelo de Jejo y Pelón.
Diego “Varilla” Vigorito
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Si hablamos de polo uruguayo es indispensable y fundamental detenernos en la figura de David Stirling Díaz, gran figura del deporte de este lado del Rio de la Plata y nada menos que el abuelo de Jejo y Pelón. Siempre la fruta cae cerca del árbol y ellos son producto de una tradición en la que su abuelo es figura ineludible..
Nació en 1929 en Young, departamento de Rio Negro. Esa fue su casa. Desde su estancia La Esmeralda y junto a su inseparable hermano Federico, impulsaron el Rio Negro Polo Club hasta transformarlo en un pilar del polo uruguayo.
Fue un referente en la producción agropecuaria nacional, donde el prestigio de sus cabañas de Corriedale y Shorton fue altísimo.
Gran deportista, se destacó también como jugador de fútbol. Desde Peñarol de Young saltó a la selección de Rio Negro. Las crónicas de la época resaltan su espíritu ganador y voluntad inquebrantable.
Junto a Federico y distintas formaciones de Rio Negro, ganaron 25 años seguidos el Abierto Uruguayo, alimentando así la leyenda de esa camiseta.
Le decían El Jefe, tal era su ascendencia y su influencia en propios y ajenos.
Daniel Fernández Ameglio, histórico delantero de Rio Negro, nos cuenta sobre David: “yo era muy joven y David ya era la gran figura del polo uruguayo. Lo que decía era palabra santa. Se imponía desde el ejemplo. Además de jugar muy bien, hacía docencia. En las prácticas te explicaba y te exigía. En los partidos hablaba bien, organizaba todo. Siempre estaba un paso adelante. Jamás un insulto fuera de lugar. Era un gran capitán. Siempre estaba pensando en el polo. Años más adelante, cuando con Rio Negro íbamos a jugar a la Argentina, él nos acompañaba haciendo las veces de coach en una época en que eso no existía. Hasta en eso fue un adelantado”.
David llego a jugar el Abierto Argentino en 1961 con el equipo Guardia del Monte, junto a Manuel Laprida, Rafael Torello y Alfredo Zemborain.
Otro gran jugador uruguayo, Juan Andrés Herrera, nos cuenta sobre David:” jugué mucho contra David y también de compañero. Jugábamos una copa Rioplatense que se hacía en Palermo y en Uruguay. Siempre anduvimos bien, ganando y perdiendo contra equipos argentinos muy buenos.
Era un gran compañero, riguroso, ordenado, muy cerebral. Excelente jugador. Federico era muy bueno también, rápidísimo. Siempre estaban muy bien montados. Como rivales, era muy difícil ganarles. Era complicado sacarles el Abierto. Hacían muy bien las cosas, estaban muy organizados a todo nivel y David era la cabeza de todo eso. Era un deportista cabal. Muy medido en su vida particular. Una muy buena persona y un gran anfitrión.”
Continuando con su legado, su hijo Davicito fue otro grandísimo jugador de un Rio Negro también prácticamente imbatible, junto a Daniel Fernández Ameglio, JJ de Boismenú y Juan Miguel Secco.
Davicito fue además durante muchos años el alma mater del polo en Sotogrande.
Conocí al viejo David siendo yo muy joven cuando aparecí a jugar en Rio Negro. Él estaba ya entrado en años. Se arrimaba en su VW, con el que andaba por adentro del campo, a la cancha de La Esmeralda donde jugábamos prácticas interminables.
Me encantaba sentarme en el auto con él a charlar mientras mirábamos lo que pasaba en la cancha. No se le escapaba nada. Siempre amable, generoso, me regalaba anécdotas espectaculares y enseñanzas del polo de todas las épocas que yo absorbía como una esponja.
Siempre les estaré agradecido a Federico y David por cómo me recibieron en esos años. Unas figuras entrañables.
Sin lugar a dudas, don David Stirling es una leyenda del deporte uruguayo. Hoy, su legado está más vivo que nunca.